miércoles, 29 de diciembre de 2010

Fragmento (¿Esta es tu historia? o solo mía )

a Miriam realmente la adoraba, es lastimoso ver como una persona se transforma en un miserable cachorro cuando se enamora de la forma en que Fer se enamoró de Miriam, hubo un punto en su relación, si así se le puede llamar a lo que tenían, en que la comunicación era tan abierta, que disfrutaban cada instante que pasaban juntos y a solas claro está, en una ocasión Fernando dijo “mientras no seas mi novia no puedo tocar tus labios con los míos” Fernando si la beso y en repetidas ocasiones, pues lo que parecía ser una frase melosa y prefabricada, encerraba en sí misma un rasgo de galantería y sexualidad que Miriam no esperaba, lo mejor de todo es que Miriam se hizo adicta a los besos de Fernando, llego al grado de solicitarlos, le encantaba que le besara el vientre y las orejas realmente porque para pasar de un punto al otro Fernando tenía que besar de forma casi metódica, el cuello, los hombros, sus pechos, había un momento en el que daba una caricia sensorial a los labios de Miriam eso la volvía loca y él lo sabía por eso siempre era el punto final, la última caricia, la miraba fijamente durante un segundo, irremediablemente sonreía, se acercaba a sus labios, delicadamente sostenía sus mejillas entre sus manos y justo cuando faltaban un par de milímetros para besarla en los labios “me tengo que ir Miriam, nos vemos mañana en clase ¿ok?” me encanta este tipo, no sé si funcione con todas las mujeres, pero con Miriam funcionaba mejor de lo que cualquiera pudiera creer, Miriam no solo deseaba besar los labios de Fernando, necesitaba besar sus labios, pero su ego no le permitía aceptar a Fer como su novio, y no era por lo que la gente pudiera pensar, era por una estúpida lucha interna que siempre existió entre este par de tontos, en fin, ella decidió que no existía otra opción, quería besarlo y lo iba a besar en los labios pero de una forma ridícula, fue durante un simple saludo en el que ella fingió que por accidente lo había besado, de manera instantánea dijo “te dije que de alguna forma te iba a besar en los labios” hay mi amiga abecés puedes ser muy tonta, la respuesta de Fernando “eso no fue un beso, pero ya que me obligaste a romper mi promesa, lo voy a hacer de una forma que no vas a olvidar” se dio la vuelta y se fue, más tarde, al ver nuevamente a Miriam le ofreció acompañarla a su casa, durante el camino hablaron mucho, jugaron, coquetearon uno con el otro y por lo menos Miriam esperaba que Fernando la besara en los labios cada tres segundos, pero el momento en que llegaría ese beso ya había sido elegido por Fernando, llegaron a la casa de Miriam y eso represento una gran desilusión para ella, sin embargo Fernando la tomo del brazo y la giro hacia él coloco su mano derecha en el cuello de ella “tu cuello es hermoso, por eso lo beso de la forma en que lo beso, este punto en tus orejas, te hace estallar apenas lo toco, por eso más que besarlo lo acaricio con la punta de mi lengua, tus senos, son un capricho, es mi calentura la que me obliga a pasar por ellos, me encanta tocar la piel de tu vientre, me gusta besarlo, acariciarlo, seducirlo, pero tus labios, tus hermosos labios, quise respetarlos porque para mí significan mucho, veo que para ti no tanto…” la beso, la beso como jamás la habían besado, la beso como nadie la volvió a besar en su vida, incluyéndolo a él “Miriam, ese fue un beso y ahora que lo sabes te voy a decir una cosa; cuando beses tienes que ser apasionada si no puedes, mejor no beses” Fernando dejo de besarla de esa forma porque le empezó a preocupar el grado de excitación que el mismo sentía cada vez que la tocaba y cada vez, le resultaba más difícil detenerse… 

Por. Gabriel Kalid Sanchez Zavaleta                         

Fragmento del Diario de ROMÁN CORRAL SANDOVAL


Dentro de mis primeras anotaciones estando instalado en la Casa del Maestro, situada enseguida del aula escolar, escribí el jueves 24 de septiembre de 1970, lo siguiente:
   “…Tengo mucha hambre, no tengo aliento para hacer nada. Me sentí un poco triste; he extrañado mucho mi casa: veinte centavos es todo mi capital.  Se me acaban mis últimas velas; aquí  no hay luz eléctrica; ni los moradores del poblado de  Batopilas, que es la cabecera municipal, cuentan con este servicio, menos  aquí. No existe el drenaje sanitario, ni red de agua potable, ni tiendas, ni oficinas oficiales de ningún  tipo: la escuela primaria en ruinas y yo somos la parte visible del gobierno federal  y eso porque pude llegar  hasta aquí  y porque el edificio escolar aún no se derrumba. Las termitas ya han consumido la celulosa de los marcos de las puertas, dejando solamente intactas las partes visibles de las maderas.  Aquí  no hay nada de nada; es una comunidad sumamente incomunicada, rezagada y marginada. Nunca había visto personas tan marginadas  socialmente como las de esta comunidad. La lejanía y la soledad en esta región  se sienten, se respiran  y se viven.   Pienso en la posibilidad de impartir clases nocturnas para los adultos debido a que la mayoría no sabe leer ni escribir y así seguiría teniendo compañía en las últimas horas del día, porque desde el lunes  21 se septiembre que llegué a la Misión de Satevó, las noches se me han hecho eternas: más de lo normal. Hoy llovió mucho y al anochecer se oyen muchos chillidos de murciélagos  que revolotean por cientos en  el cielo de esta comunidad. Lo único que me consuela y que no me hace sentir tan sólo es que me asomo por una de las tres pequeñas ventanas que tiene este cuarto en diferentes puntos cardinales, por la que se divisa el oriente y a lo lejos, alcanzo a distinguir una que otra vivienda medio alumbrada debido a las luces opacas y tenues de sus velas o aparatos  de petróleo  o cachimbas, con las cuales  se han alumbrado estos moradores desde que nacieron, ya que la mayoría no ha salido  de  esta región ni ha conocido mundo. La noche es como “boca de lobo”,es un gran monstruo que amenaza con devorarse la luz de esta comunidad…”.
   “…De verdad: las estrellas parecen estar  demasiado lejos de mi vista; dejo de asomarme por esta pequeña ventana y volteo al resto del espacio  que ocupa mi cuarto y lo observo aún más oscuro que hace un rato. Creo, que en este lugar, conforme avanza la noche ésta se vuelve más oscura y amenaza con envolver todo a su alrededor. Las noches sin Luna Llena las sentiré muy largas y con demasiada oscuridad: como dije, hasta a las estrellas las veo más opacas; esa es mi impresión por ahora  y ojalá que cambie esta forma de pensar por el bien de mi estancia en esta comunidad de la Barranca de  Batopilas. De vez en cuando oigo algunos ladridos, como si los perros se escondieran de la noche para no ser presos de la oscuridad; ladran como si tuvieran miedo (yo si tengo) y sus ladridos son escasos y lentos, hasta de poco volumen: son los perros guardianes de los rebaños de cabras que durante el día, en los escarpados montes que rodean a la Misión de Satevó, cuidan a estos animales domésticos de depredadores o de ladrones ocasionales, como si supieran que es el único patrimonio de sus amos; saben estos caninos que en premio a su lealtad, por las tardes, cuando ya regresen con los rebaños a los pequeños corrales de la comunidad, recibirán de sus amos el agradecimiento y alimento que consiste en la mayoría de las veces en masa de maíz disuelta en agua, algo así como un espeso  atole frío. Durante las noches estos canes siguen brindando el mismo servicio; sin embargo, la oscuridad parece menguarles su valentía, y tal vez quisieran ser protegidos por alguna fuerza superior a sus colmillos ya que durante la noche es cuando aparecen fieras como el puma, el gato montés y otros depredadores que han dado cuenta de chivas, gallinas, burros  y hasta…de perros. Por eso es que estos canes saben que la oscuridad es un “gigante peligroso”, de descomunales dimensiones; sus amos les tienen encomendados los cuidados de sus rebaños también durante la noche y mientras los rumiantes descansan echados en los corrales  y mueven rítmicamente los cencerros, estos canes se dedican a soportar la incomodidad de su trabajo, ladrando a todo cuanto se mueva y que consideren extraño o de inminente peligro…”.
   “…Todo esto lo pienso mientras observo la luz tenue de las humildes viviendas lejanas, ubicadas del otro lado del río y  reflexiono que en estas apartadas comunidades nunca deberían caer  las noches, por que toda la exuberante y verde vegetación de la Barranca de  Batopilas, se transforma en un fantasma de fresco olor a hierba que recorre el profundo y extenso cañón del Río Batopilas  en sentido contrario al ruidoso  y constante caudal. En esta clase de noches  uno se  siente indefenso y desea a veces no moverse o respirar para no correr algún peligro, real o imaginario. Este temor aumenta cuando se es  consciente de la extrema fragilidad física y espiritual y del total desconocimiento de este medio geográfico, desconocido para la mayoría de los chihuahuenses. Los moradores no caminan por la noche en los atajos, veredas y “camino real” que comunican a las comunidades de esta región por que saben que algo hay de cierto en mis temores. Sigo pensado en mil cosas mientras observo la oscuridad del exterior, las opacas estrellas y a las luces tenues de las humildes viviendas. Esta pequeña ventana desde donde miro este escenario nocturno es la que señala la dirección donde se halla el Río Batopilas, a escasos metros de la Casa del Maestro.  Mirando al sur, en el día distingo, cuando me asomo al “camino real”, en todo su esplendor a la majestuosa obra arquitectónica que constituye el templo colonial de la Misión de  Satevó con su única torre, cúpulas y nave colosal, pero en este momento hago de cuenta que no existe: de tan oscura que está la noche no percibo su silueta o estructura: hago de cuenta que no existe…".
     “…Noches frías y oscuras, noches largas que no acaban y cuya oscuridad invade todo mi ser menos la luz de mis pensamientos y los sueños de claridad de mil estrellas. Por eso no quisiera morir para no enfrentarme a la noche de la oscuridad eterna, a esa oscuridad total: a esa noche de las noches, a la Señora de las Tinieblas, que será nuestra compañera inseparable para siempre; en esa noche de tinieblas de total oscuridad en donde quisiéramos al menos ver encendido un fósforo. Por fortuna pronto saldrá del Sol, y de eso le doy gracias al Creador del Universo, que también hizo la contraparte de las tinieblas. Y pensar que en julio del año pasado (1969), el hombre llegó a la Luna. Vi la crónica en la televisión que transmitió Jacobo Zabludovsky y México organizó los Juegos Olímpicos de 1968,  a pesar de la existencia de mexicanos que viven en condiciones miserables, alumbrándose con velas, comiendo lo que sea y vistiendo harapos como en los albores de las grandes civilizaciones; desde esta ventana, donde he permanecido observando y meditando me pregunto si en el SIGLO XVIII, cuando los misioneros jesuitas construyeron este templo con la ayuda de los indígenas: ¿Así serían, desde entonces, de eternas, oscuras  y tristes  las noches aquí en la Misión de Satevó?...”.

Por:  ROMÁN CORRAL SANDOVAL

Han vuelto los tambores


Hay que ayudar a Tarzán a reconstruir la selva. Los animales también aportarán lo suyo, y un día no muy lejano veremos al mono feliz, colgado del árbol más hermoso, como en las tardes inolvidables del cine y las revistas animadas. Qué tiempos aquellos. Los elefantes estaban seguros que vivirían cien años y el cocodrilo soñaba con ser el malo de la película. Pero el hombre llegó con una industria bajo el brazo, llegó derribando montañas, llegó a silenciar las cascadas, a derramar esquirlas y muerte al paraíso sagrado de las moscas, avanzó con su tenaza cortando, hiriendo, acorralando, se abrió paso entre el follaje dejando la suave marca del acero y la sonrisa de la pólvora; hizo camino de las flores, se aprovechó de la semilla, de la piedra, de la rama, rapó la mejilla del indio e instaló su reino aguas arriba, donde la luna de vez en cuando bajaba a beber y a conversar con las cenizas. Todo se convirtió en ciudad o campo ajeno, todo se lo llevó el cemento. Y aparecieron razas nuevas y nuevas enfermedades, nuevas miserias que venían de rincones poderosos, con mucha sangre y páginas de odio, con muchos rifles y cadenas recién pintadas. Tarzán entonces trató de hablar y fue acusado de herejía y declarado enemigo de Su Majestad y de los piojos de La Corona. A Jane le sucedió algo parecido, y debió correr a casa de su madre y esconderse bajo la cama para no ser encontrada. Del grueso de los animales nunca más se supo. Cuentan las malas lenguas como la fiera luchó en vano durante siglos, y los pocos ejemplares sobrevivientes tuvieron que huir muy lejos y así evitar el exterminio. El resto no corrió la misma suerte, cayeron en la trampa del marfil y del colmillo traicionero. Por otro lado el negro cambió de color y fue más claro hasta hacerse irreconocible. Otros se mantuvieron intactos, pero el destino los durmió en un sueño amargo, los sedujo en una feria de alacranes y acabó por retorcerse en cada uno de sus labios. Al tigre se le cayeron las muelas, el agua pensó en envejecer, la víbora nadó en su propio veneno, el ciervo y la polilla sólo deseaban la muerte. Y una mañana un grito sacudió la selva, se propagó hasta confundir la tierra, hasta pelar las tripas del más crudo de los chacales. Era Tarzán quien regresaba, Tarzán desde la liana de los años, Tarzán entre las canas de una jaula, venía para quedarse, venía cuchillo en mano a liberar las ataduras, a castigar los torsos blancos. Y ellos tuvieron que retroceder, tuvieron que tragarse sus propias pisadas, tuvieron que guardar sus trofeos, sus pieles, sus fotografías, mientras el cielo contemplaba emocionado y una canción se derramaba en la niebla: “Sonríe, niña, y oye los tambores, porque el sonido de mi llama ensangrentada está más verde y más vivo que nunca; sonríe, niña, sonríe, porque he sembrado en el huerto de mi alma, tu voz morena que florecerá por siempre”.

Por: Mario Meléndez

Dedicado por el autor a Nelson Mandela

La otra

 

Caperucita nunca imaginó que El Lobo la dejaría por otra. Nunca hizo caso de los consejos que en materia amorosa le daba La Abuelita. Por lo que una mañana El Lobo le dijo: “Caperucita, quiero terminar contigo. Ya no me excita perseguirte por el bosque; ya no me agrada disfrazarme de abuelita para que tú me digas tus tonterías de siempre, que si tengo las orejas grandes y esos colmillos tan filudos, y yo, como un estúpido, responda que son para oírte, olerte y verte mejor. No, Caperucita, lo nuestro ya no tiene remedio”. Entonces Caperucita, desconcertada por aquella confesión, se echó a correr tan lejos como pudo pensando en la clase de mujer que había conquistado el corazón de su amante. “Es ella, tiene que ser ella”, repetía la niña, mientras buscaba desesperadamente la casa de la anciana. “Abuelita”, gritó al fin, cuando hubo contemplado la figura que yacía en el lecho, “¿cómo pudiste hacerme esto? tú, la amiga en quien yo más confiaba”. “Lo siento”, dijo la otra, “nunca pensé quedar embarazada a mi edad, y menos de alguien tan poco inteligente e imaginativo. No obstante, él es un lobo responsable, que no dudó por un minuto en ofrecerme matrimonio al conocer la noticia. Lo siento, Caperucita, tendrás que buscarte otro. Después de todo, no es éste el único lobo en el mundo, ¿o no?”.


Por: Mario Meléndez

LLUVIA EN MI CORAZÓN

Ayer, un día nublado, en el que alguien me dijo
-tienes la mirada triste, como perdida-
y yo conteste que no, que era mentira.

Pero tenía razón, al igual que este día lluvioso
así mi alma se nublaba con la tristeza
que embargaba mi ser,
mi rostro empapado en llanto,
lo disimule diciendo que eran las gotas de lluvia al caer.

¿Y cómo no estar triste?
¿y cómo no acompañar al cielo en su llanto?
si te siento lejos,
y parece que el cielo sabe lo que siento
y se nubla y empaña el sol
como tu ausencia y tu lejanía
entristecen mi corazón.

Sigo triste, sintiéndote lejos
cada vez más distante,
sintiendo que te pierdo a cada instante.

¿cómo negarles la tristeza en mi rostro?
¿cómo negar si acaso este amor?
este amor que siento se me escapa de las manos
por más que intento, se va,
me siento débil,
siento que tu amor se escapa de mi
como el agua entre mis manos,
mis manos, mi corazón,
tal parece que nada es suficiente para no dejarte ir.

Decido dormir, tratar de olvidar por instantes
que te alejas de mi
y en sueños, en sueños eres mío nuevamente,
como ayer...

Amanece, un día claro, sin nubes,
que entre deja ver una esperanza
unos rayos de luz, que iluminan mi rostro,
y un paisaje hermoso,
me hacen recobrar la confianza,
pensar que puede haber algún será...

Una llamada tuya, el sonido de tu voz
iluminan mi rostro,
como el sol ilumino el día,
tus palabras, tu cariño
reaniman mi alma, y hacen que poco
a poco las nubes que empañan mi ser
y la lluvia que empaña mi alma
se disperse y se aleje,
y tu voz y tus palabras,
me hacen saber que hay un nuevo amanecer.

Y así igual que el día
recobro fuerza para tomar nuevamente tu amor
-mi amor-
y no dejarlo escapar, lo aprisiono
lo hago mío, y de ti

El saber que quieres estar conmigo
me hace recobrar la cordura,
las ganas de luchar para tenerte junto a mi
las ganas de aprisionarte en mis brazos
y jamás dejarte ir,
el regalarte un beso y hacerte saber
que soy de ti.

Hoy con el simple eco de tu risa
con el simple recuerdo de tu aroma
y del palpitar de tu corazón,
Iluminaste mi día cómo el sol mi habitación,
hoy por todo esto
he dejado atrás lo nublado y me dispongo
a ser fuerte, a apoyarte, quererte
y a buscar junto a ti
el alivio para mi corazón.

A luchar por ti y para ti.

Y hoy alguien me dijo
-ya no llueve en tu alma...como ayer-
Te amo

Por: ALEJANDRO PEREZ RGUEZ.

Intra terno

Despierta.
Descubre que se encuentra en un mundo de colores, pequeño y sutil.
Tiene la libertad de danzar al compás de los pasos que lo transitan, lo transportan de una dimensión a otra.
Nada feliz por ese mar fructuoso ¡Se ahoga de dulzura! Puede ver, puede sentir pero nunca  comprenderá quien es, hasta volver a ese lugar.
Su lugar cálido y falaz.

Por: Debora Videla

FRAGMENTOS Débora Videla.

Vi sus ojos nublarse, entumecerse de frío en un mundo subterráneo. Con misterio enterraba una limosna de su alma confiando ciegamente en sus promesa.
UN AMOR ETERNO... TODO COMENZABA.
...Era una noche oscura . Ella asistía al ritual de unos gritos quebrados, sus ojos casi alcanzaban a divisar una imagen, seguía caminando tratando de entrar en esa dimensión fugaz. Eran esos tiempos donde la luz artificial aún no se conocía ella encontró en el subsuelo una de las tantas velas semi acabadas. La agarro fuerte y caminó por el camino que le marcaban como si ya hubiera estado en aquel lugar.
Seguía escuchando el clamor que venia de lejos una voz temerosa que retumbaba en sus oídos haciendo un eco de voz y llanto. Su cuerpo húmedo y su corazón exaltado. De pronto una ternura fresca, rodeó su espíritu, y la hizo esculpir un cántico de llanto sin saber el motivo. Su voz, y su ojos asustados eran quienes la guiaban a encontrar el lugar exacto, el fin del camino...Ahí apareció frente a ella una roca enorme agrietada. Bajó lentamente por escalones grandes y sus lagrimas desaparecieron. Ya no las necesitaba, una paz sorprendente la atrapaba.
Echó su último vistazo al lugar parada sobre el último escalón que marcaba el final. El sueño Terminaba.

Vi sus ojos entumecerse de amor, sus manos a cada lado del cuerpo un camisón celestial la vestía reposada sobre el altar. Rodeada de velas rojas todas encendidas todas hermosas.
Una cueva, una tumba. Algo realmente sombrío lleno de rosas hojas escritas revolcadas en el suelo.
Ella se acerco extendió sus brazos, hacia aquella o hacia ella. Un rostro descascarado que reclamaba su alma, y ahí estaba vagabunda corriendo por el mundo. Su cuerpo relajado emitía melodías esperando su llegada para ser liberado.
Subió al altar y relajándose sobre él observó el lugar preparado para la entrega por ese ser amado que apagaba los últimos faroles. Cerraba el portal y se acomodaba sobre el aposento donde cantaba y la abrazaba naciendo con ella a su lado.

Por Débora Videla 
16/06/2004

Guardalo

Nunca le cuentes a nadie
lo que viviste conmigo,
porque no tiene palabras
porque no tuvo testigos.
Porque nació de la nada
y en el tiempo transcurrido,
fue tomando los matices 
del tiempo en su colorido.
Nunca le cuentes,
porque llegar a decirlo
es casi un sacrilegio,
sin perdón y sin castigo.
Nunca le cuentes a nadie
hasta donde te he querido,
pues la palabra mas grande
 es chica para decirlo.
Y no existen primaveras,
no existen flores ni ríos,
que conserven la belleza
de tus besos y los míos.
No se cuentes a nadie,
solamente y al descuido...
decí, como a la pasada
que el amor has conocido,
que yo aquí, a la distancia,
iré diciendo lo mismo

Martin Acuña ( del libro )“ El Hombre le dijo al Hombre “
280 pag. Publicado en 1999 Argentina

EL NIÑO Y EL POETA

Que traigan un poeta
pues hay un niño enfermo,
los médicos dijeron
que no tiene remedio.
Lo vieron los Sicólogos,
lo vieron los Pediatras,
que traigan un poeta
que le lea sus versos.
El niño balbucea
amor, con desconsuelo,
que traigan un poeta
que aliviara sus sueño.
Y a su alma enfermiza
de tantos sufrimientos,
le frotará las nanas
con palabras de alientos.
Y  su rítmica danza
tocará sus cabellos.
¡Qué traigan un poeta!
Que le diga...  Te Quiero.

Martin Acuña (del libro) “El hombre le dijo al Hombre”
280 pag publicado en 1999 Argentina