He tenido este recuerdo rondando mi cabeza durante ya bastante tiempo, algunas palabras se han vuelto difusas, las más incoherentes han tomado sentido, las pocas sensatas comienzan a parecer locuras, dicen que cuando viajas por el mundo conoces a personas que te dejan marcado para toda tu vida, a mí me tomo tres días, fue una escapada de todo, tomar maletas, e iniciar el camino, de la compañía prefiero no hablar, el azar nos condujo a una playa del sur de México, a poca distancia de uno de los pueblos más callados, polvorientos y pobres que he conocido. Después de instalar el campamento en aquel increíble paraíso y luego de haber, bebido un par de cervezas, decidimos disfrutar de aquellas tranquilas aguas, que te invitaban a nadar por sus deliciosos y caprichosos tonos, verdosos y azules, al mismo tiempo salpicadas con mil colores, pues la pureza del agua te permitía ver el singular espectáculo que cientos de peces montaban al nadar entre arrecifes, no paso mucho tiempo antes de que nuestros estómagos empezaran a pedir a gritos un poco de alimento, salimos del agua y comenzamos a preparar el fuego, y ahí comenzó todo, la mezcla de olores debió de llamar su atención, era un viejo mas muerto que vivo, su caminar era lento y cansado, como si tratara de razonar cada uno de sus pasos, su mirada añeja y cristalina no opacaba la profundidad de la misma, al llegar a la fogata aclaro su garganta y mientras veía fijamente la comida, nos dijo que tenía hambre, un hambre que había soportado durante casi cien años, he de regalar mi memoria a cambio de una comida decente nos dijo, todos sonreímos al mismo tiempo, parecía que la muestra de desdén había sido ensayada minuciosamente, una de las personas de aquel irreverente grupo tomo un pedazo de carne mal cocido, lo puso sobre una miserable rebanada de pan y se la entrego a aquel viejo mientras le decía, aquí tiene pero deje de molestar, el viejo agacho la cabeza tomo la dádiva que se le ofreció y mientras la devoraba, levanto la vista y la dirigió hacia mí, aquella mirada me atravesó por completo me lleno de escalofrío, no pude sostenerla, el viejo dio la vuelta y se retiro como había llegado, en silencio sin perturbar la belleza de aquel lugar, no pude tocar mi plato, después de un par de horas me puse de pie, tome mi plato rebosante de comida y camine por el mismo sendero que el viejo había seguido, cuando por fin lo encontré, le ofrecí mi plato, le dije que no quería nada a cambio, solo quería pedirle una disculpa, él tenía hambre y nosotros mucho más de lo que podríamos comer, le entregue mi plato, me disponía a retirarme cuando escuche su voz una vez más; mi nombre no importa, he nacido en un pueblo que no conozco, los habitantes de aquel lugar son testigos de cómo he quedado huérfano antes de nacer, esas fueron sus palabras, las mismas que perturbaron mi mente; he prometido mi memoria a cambio de una comida decente, tome asiento mi amigo. Esto es lo que me conto aquel anciano, esto es lo que no he podido ni he querido borrar de mi mente, pues después de todo cumplió lo prometido, entrego sus memorias a cambio de un plato de comida.
Este es un proyecto que apenas estoy iniciando espero les agrade el inicio y comenten por favor
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